Anabel Lapeña nos traslada a través de sus historias de Aragón a la época románica, de la cual la comunidad aragonesa conserva dos de los tres conjuntos de pinturas más importantes de España. Uno procede del Monasterio de Sijena y otro son las pinturas de la Iglesia de los santos Julián y Basilisa de Bagüés. Con la búsqueda y el estudio de estas obras en los años 60 se rompió la llamada ‘singularidad catalana' que predominaba hasta entonces en el estudio del arte románico.