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Dale una segunda oportunidad a nuestros finalistas de ‘Aragón en 100 palabras'. Los participantes de esta semana son:
Marta Armingol Armañac
Nota en la nevera
Mamá,
Mañana vienen a cenar los marqueses de Teruel, ya los conoces, esos no pagan ni a escote. Les prepararé un estofado de los tuyos. Pondré las patatas en agua para que suelten el almidón, el vino peleón a oxigenarse en jarras de cristal del bueno y, luego, iré a por el ingrediente estrella. Me imagino que será muy duro de cocer así que le echaré pimentón, como me enseñaste para que parezca más casero.
No puedo esperar a ver la cara de esos dos cuando descubran que les he cambiado gato por torico.
No me esperes despierta.
Antonio Palacios Herrero
23:55 h. Miro hacia atrás con pánico. Corro calle abajo con la mano en el abdomen tratando inútilmente de detener la hemorragia. Las fuerzas me fallan.
23:59 h. Exhausto me dejo caer en la fuente. Miro hacia arriba y veo el torico. Es aquí.
00:00 h. A pesar de la espesa niebla veo a lo lejos los faros de un coche que se acerca hacia donde yo me encuentro.
Baja la ventanilla y por fin hago entrega del manuscrito.
Tras los porches distingo las figuras de los que fueron mis hermanos. Llegan tarde, pienso mientras sonrío.
Josefina Palos Bernad
De Sahara a Zaragoza
Los negros ojos de Hamil irradiaban alegría, había llegado ese verano de una tierra árida y seca, apenas sabía hablar español, pero lo que más le gustaba, era mojar sus manos en los chorros nacientes de los bosques de nuestro MONASTERIO DE PIEDRA.
Frente a la majestuosa Cola de Caballo observé como su mirada se hacía más y más penetrante, pasamos por detrás sintiendo las gotitas de agua sobre nosotros, numerosas lágrimas bañaban su rostro, Hamil no respiraba.
Sin hablar se acercó y me abrazó fuertemente, fue el mayor regalo que se puede recibir. Sería un verano inolvidable.
Laura Moya Santander
Notó como su respiración se entrecortaba y, por fin, el frescor en la piel. Entró en la gruta, un pie tras otro, y se sentó en la fría piedra. Hace años no le pareció tan fría. Pensó que quizás ese era el problema, cada pequeño contraste le parecía un abismal cambio. Alargó sus manos para que pequeñas gotas le salpicaran desde la cascada y llevándoselas a la nuca sintió el tacto de la libertad. Podía irse o quedarse, ¿Levantarse ... o seguir sentado?

